Cuando hablas con el escritor, periodista y documentalista italiano Andrea Sceresini, enseguida tienes la sensación de que los conceptos de peligro, riesgo y recompensa tienen un significado diferente al otro lado de la mesa.
Para ser una reportera que ha grabado, escrito y producido reportajes desde algunas de las zonas de conflicto más peligrosas del mundo, Sceresini parece totalmente relajada. Sentada a la puerta de la Cascina Martesana en una fresca tarde de primavera en Milan, cuenta historias sobre detenciones, bombardeos y el arte de sobrevivir sin darle muchas vueltas mientras trabajaba en el extranjero.
Su indiferencia se nota en su relato sobre cuando lo detuvieron en Ucrania. A Sceresini lo pillaron grabando en la zona de acceso restringido de la disputada región de Donbás, controlada por el gobierno separatista (aunque no sea oficial). “Pasamos la noche en la cárcel y nos dejaron ir al día siguiente”, dice Sceresini. “No es para tanto, estas cosas pasan”.”
Un año antes, en 2015, al creer que Sceresini y sus compañeros habían entrado ilegalmente en el país a través de la frontera sin controles con Rusia, las autoridades ucranianas le prohibieron la entrada al país durante cinco años.
Pero esa experiencia llegó después de años de haberme acostumbrado a situaciones igual de intensas. En el pasado, Sceresini ha informado desde zonas de disturbios civiles en Egipto, Hungría y Caracas, Venezuela.
Aunque la violencia y la corrupción acaparan la mayor parte de la atención en la obra de Sceresini, él sigue centrado en descubrir historias, no en buscar emociones fuertes. “No recurro a ningún mediador”, dice, mientras se fuma un cigarrillo que se ha convertido en el sello distintivo de las ilustraciones de sus libros. “No quiero que me lleve a sitios alguien que trabaje para la propaganda o para el gobierno”.”
Para Sceresini, alojarse en hoteles de lujo con seguridad privada es un obstáculo para la verdad auténtica que busca. “A mí me parece más bien turismo”, dice. “[Los demás periodistas] entrevistan a la misma gente y ven las mismas cosas”.”
En cambio, Sceresini y sus compañeros —que suelen ser un fotógrafo y otro periodista— lo organizan todo ellos mismos. Investigan y consiguen los contactos que pueden y luego intentan integrarse en el tejido social local. “Para mí es fundamental informar desde muy cerca del lugar donde ocurren las cosas, de la forma más real y en directo posible”, dice Sceresini. Su trabajo está intrínsecamente marcado por las circunstancias en las que surge. Para Sceresini, el fondo sigue siendo más importante que la forma. “Mi trabajo consiste en contar historias de lugares olvidados, donde las personas olvidadas y que sufren son las protagonistas”, dice. “Las vidas humanas no tienen el mismo valor; te enfrentas a la muerte cada día”. Aunque el miedo intenta apoderarse de ti, Sceresini sigue comprometido con el valor de su trabajo. Es reportero, dice: “No puedo evitarlo”.”
Sceresini y su equipo en Donbás, Ucrania.
A Sceresini le resulta fácil asumir los riesgos que conlleva su trabajo porque confía en su importancia. Pero su actitud despreocupada parece más una consecuencia de sus experiencias que la causa de las mismas. A Sceresini a veces le cuesta volver a adaptarse a la vida cotidiana después de pasar un tiempo en una zona de conflicto.
“Es genial volver a casa, donde todo es seguro”, dice. “Pero, al mismo tiempo, te vas haciendo adicto al peligro y a la adrenalina”. Es difícil ignorar el resultado de ese cambio de perspectiva. Y lidiar con las tendencias de los medios de comunicación convencionales puede resultar frustrante. “Voy donde pasan cosas graves y dramáticas”, dice Sceresini. “Cuando vuelves, te das cuenta de lo superficiales que son a veces las cosas de las que hablan nuestros medios”. Esta disparidad en la perspectiva periodística es parte de lo que lleva a Sceresini a organizar su propia cobertura, incluso cuando muchos medios occidentales consideran que no merece la pena prestarle atención.
Sceresini visitó la región de Donbás, en Ucrania, por primera vez en 2014. Desde entonces ha vuelto otras tres veces. Pero ninguna de estas visitas ha tenido la misma presencia mediática que se vivió en la región al estallar el conflicto. La guerra estaba en su punto álgido en 2014. “Había bombardeos por todas partes, incluso en el centro de Donetsk”, recuerda. “Es una ciudad de un millón y medio de habitantes, y la mayoría de la población se había marchado”. Mientras esperaban durante horas a que les dieran luz verde para ir al frente, Sceresini se quedaba en un piso con sus compañeros, escuchando los bombardeos a solo unos cientos de metros de distancia.
A medida que la situación se calmaba en Ucrania, también lo hacía la presencia de los medios. Pero Sceresini siguió volviendo para documentar las historias y los temas que, de otro modo, habrían quedado sin cubrir. Recuerda la visita que hizo al frente del bando separatista ucraniano. Con cuidado de no pisar las minas terrestres activas y con el ejército oficial ucraniano al otro lado, Sceresini consiguió imágenes sin editar y un relato preciso y de primera mano sobre la guerra. te cuento.
Las trincheras estaban prohibidas y Sceresini necesitaba autorización oficial del gobierno separatista ruso para poder entrar. Tras atar cabos con unas pocas palabras en ruso, lo llevaron ante el sheriff o el alcalde del pueblo —nunca se confirmó cuál era su cargo—. “Tenía una pistola en el escritorio, estaba jugando con ella y estaba un poco borracho”, cuenta Sceresini a la revista Format. “La situación habría sido grotesca, si no fuera porque daba miedo”. Tras una breve charla en un ruso chapurreado, le concedieron permiso para visitar el lugar.
Llevaron a Sceresini al campamento y, dos días después, la misma persona volvió a recogerlo. Aquello resultó clave para que entendiera el conflicto. “Hablé con los soldados, pasé tiempo con ellos, comí lo mismo que ellos, hablamos de sus vidas y de sus familias”, cuenta. “Intenté compartir sus sentimientos; ese es el tipo de reportaje que me encanta hacer”. Aunque las historias abundan en zonas de disturbios civiles, las condiciones de trabajo pueden volverse difíciles y peligrosas en un abrir y cerrar de ojos. La capacidad de adaptación es una habilidad clave. Creer en su trabajo es fundamental, aunque en el caso de Sceresini está tan arraigado que no siempre es algo de lo que sea consciente.
“Hay que llevarlo al límite y sobrepasarlo un poco”, dice. “Es la única forma en la que puedo y quiero hacer este trabajo”. Lo que sacrifica en cuanto a estilo, lo compensa con un metraje limitado. Con su cámara de vídeo Canon XA30, se acerca mucho a sus fuentes y protagonistas, creando una relación íntima con ellos. Es una actitud que sigue intentando aplicar, incluso en su trabajo actual para el medio de comunicación nacional italiano RaiTV.
En general, Sceresini sigue centrando su atención en lo que ocurre fuera de Italia. “Según los rumores, el ejército ucraniano está organizando un contraataque para recuperar el control de la región del Donbás”, especula. Queda por ver si la ofensiva se llevará a cabo de verdad. “Si atacan, allí estaré”, dice. “Sin duda”.”
Traducción de Davide Soncin. Imagen de portada: Sceresini en Donbás. Imágenes cortesía de Andrea Sceresini.
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